La segunda oportunidad de la nube de Internet
- 27/01/2010Javier Mazo, responsable de Marketing Vector
"A veces el problema de una idea no es la idea en sí, sino su oportunidad. El aumento del ancho de banda ha hecho posible el despegue de la Era 2.0"
A veces no se acierta a la primera, sino a la segunda. A mediados de la década pasada, voces como la del fundador de Oracle, Larry Ellison, propusieron una nueva era de la informática doméstica liderada por los llamados “PC tontos”. Estos equipos carecerían de almacenamiento interno y prescindían, por lo tanto, de aplicaciones, salvo una: un navegador de Internet. Los usuarios emplearían estos equipos para obtener de la Red los recursos necesarios en sus tareas cotidianas. La idea, que para muchos sólo era un intento de acabar con el peso de Microsoft en el mundo del software, tuvo corto recorrido. Si se considera la caída del precio de los PCs junto a la popularidad de las aplicaciones ofimáticas y la desesperante lentitud de las conexiones por módem, se entiende que el resultado fuera un fracaso absoluto.
Pero a veces el problema de una idea no es la idea en sí, sino su oportunidad. Con Internet ganando ancho de banda, comenzó el despegue de la era 2.0, las redes sociales y los servicios web. Así, lo que tiempo atrás se propuso como una evolución lógica de la informática, ha terminado imponiéndose de forma natural. El PC ha cedido su protagonismo a dispositivos como el móvil o los “netbooks”, esos pequeños portátiles con sistemas operativos ligeros y poca potencia de proceso que están pensados para conectarse a Internet. Ahora, el término de moda es “cloud computing” (computación en la nube) y lo importante es la capacidad de acceso a la Red.
La nube es un gran almacén de recursos
La “nube” de Internet se ha convertido en un gran almacén de recursos -tanto gratuitos como de pago- que permite a particulares y profesionales realizar cualquier tarea con independencia de su ubicación. Puede emplearse FileBox como espacio de almacenamiento virtual, Google Docs como herramienta ofimática de tratamiento y archivo de textos, Hotmail o Gmail como servicios de correo electrónico, MP3 Tunes como lugar donde guardar y reproducir música, Tuenti o Facebook como plataformas de mensajería con amigos conectados, o Flickr para cargar y organizar fotos, sin olvidar multitud de sitios que ofrecen streaming de vídeo e incluso emuladores de videojuegos. Al trasladar a la nube las aplicaciones, los archivos y nuestro propio perfil de usuario, conseguimos mayor agilidad, rapidez y eficacia en la gestión de tareas. En definitiva, ganamos en productividad.
Los retos de la nube
Sin embargo, este fenómeno plantea retos importantes en forma de barreras que hay que salvar. El primero de ellos sigue siendo la disponibilidad, que viene determinada, en buena medida, por la calidad de la conexión a Internet. Si tenemos en cuenta que el ADSL en España es notablemente más caro y de menor capacidad que en buena parte de Europa, veremos que el primer obstáculo exige una mejora de las redes de telecomunicaciones y de la oferta existente para salvarlo. A ello se une la importancia de crear entornos especialmente diseñados para el trabajo online, con estructuras más ligeras, compatibles con cualquier sistema y accesibles. Para el usuario, la experiencia debe ser tan ágil como si las aplicaciones estuvieran instaladas en su ordenador. Si trabajar en la nube supone mayores tiempos de espera, consultas más lentas y dificultad en la edición de documentos o en la gestión de formularios, las reticencias hacia este modelo dificultarán su avance.
A lo anterior se une la importancia de los propios dispositivos de acceso. Influye no sólo el sistema operativo que se utiliza, sino también el contexto físico donde se va a interactuar. No es lo mismo navegar por Internet desde un iPhone que desde una pantalla de 21”, ni facilita al mismo nivel el despliegue de recursos gráficos un procesador para móviles de baja gama que otro mucho más potente pensado para la gestión de archivos multimedia.
Además, cualquier servicio prestado en la Red requiere de la implementación de los códigos, protocolos y medidas necesarias para establecer un marco de comunicación seguro. Aunque se ha avanzado mucho al respecto, este punto es fundamental tanto para evitar los robos de identidad que proliferan en las redes sociales como para establecer vías fiables de interconexión cuando se accede a datos o redes corporativas a distancia, especialmente desde equipos públicos.
El impacto de las redes sociales
Por último, el crecimiento imparable de las redes sociales ha supuesto, al mismo tiempo, un aumento de la complejidad en la gestión de nuestra presencia en la Red y de los propios recursos que utilizamos. En el primer caso, resulta habitual contar con perfiles en distintas redes sociales. Seguirlos y actualizarlos obliga a entrar individualmente en cada uno, y a hacerlo con regularidad, salvo que se cuente con algún sistema práctico para controlarlos desde un mismo punto. Lo mismo sucede en cuanto a los recursos: búsquedas online, correo web, noticias… El reto no es dar más servicios, sino contar con una consola que los unifique y permita su acceso y gestión de forma unificada.
Si tenemos en cuenta todo lo anterior, veremos que la consolidación de la computación en nube y el desarrollo de servicios online requieren no sólo de nuevas propuestas e ideas que incrementen el valor añadido de la Red, sino también de empresas capaces de adaptar dichos servicios a las circunstancias de cada momento del mercado. La accesibilidad cobra, en este sentido, más importancia que nunca, porque no puede hipotecarse la facilidad de uso a la espectacularidad en el diseño. Es imprescindible, por lo tanto, tener experiencia en el trabajo con entornos, plataformas y tecnologías diversas, así como visión para amoldarse a las particularidades del mercado en términos de conectividad, estructura, seguridad y usabilidad.
¿El final del PC?
¿Significa todo lo anterior que está llegando la hora final del PC? En absoluto. De hecho, nos dirigimos hacia un escenario de convivencia colaborativa entre los dos entornos: real y virtual. Cada uno responde a necesidades y situaciones diferentes, como la capacidad de almacenar archivos en modo local o utilizar aplicaciones complejas que precisan una alta capacidad de procesamiento. Si no fuera así, no se entendería la evolución hacia los sistemas operativos de 64 bits o la fuerte y sana competencia entre los entornos Windows y Linux.
Dicen que nunca segundas partes fueron buenas. En el ámbito de la tecnología, la realidad se empeña tozudamente en contradecirnos. Lo hizo con los móviles conectados a la Red, con fenómenos como Twitter, y amenaza con hacer lo mismo con los tablet PC. Internet y el concepto de nube son ya una realidad que confirma la regla. Nunca es tarde si la idea es buena.

Jesús Nogales, responsable del Área de Administraciones Públicas
Soluciones para la interconexión entre todos los organismos públicos implicados en la gestión de un mismo expediente.
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Jorge González, director general de Vector
Se han escrito ríos de tinta sobre el origen, la naturaleza y las distintas versiones del término “outsourcing”, aunque su definición sigue siendo algo extraordinariamente básico: la contratación de servicios a una tercera parte. Si nos referimos a nuevas tecnologías, la externalización de servicios puede referirse a la subcontratación de un proceso muy concreto –como el almacenamiento de datos o el back-up, por ejemplo- o a la delegación en otra compañía de toda la estrategia y operativa tecnológicas.
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