Diciembre 2007
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Factorías de software: desmintiendo tópicos
// Eduardo Lorente Fuentes
Hace apenas algunos años, quienes ya nos dedicábamos al negocio del software en modelo factoría, dedicábamos buena parte de nuestro tiempo a explicar en qué consiste esta actividad. En nuestros contactos con clientes potenciales, proveedores y aliados, nos empleábamos a fondo en evangelizar: explicar en qué consiste una factoría de software y qué ventajas ofrece. En los últimos tiempos, este perfil de empresas ha proliferado tanto en nuestro país, dando lugar a lo que casi podemos calificar como un “boom”, que aparentemente se ha hecho menos necesario detallar qué son las factorías de software. Y decimos "aparentemente", porque hemos pasado, en un plazo muy rápido de tiempo, del desconocimiento al tópico; de la ignorancia al estereotipo. ¿Qué es mejor, desconocer o creer que se conoce? ¿No saber o pensar que se sabe? El desconocimiento, siempre que éste se admita, al menos no induce a error. El presunto conocimiento puede llevar al prejuicio y a conclusiones precipitadas. Muchas de las factorías de software que desarrollamos nuestra labor en España, contribuyendo con nuestro saber hacer al crecimiento de numerosas compañías, nos enfrentamos hoy en día a un sinfín de ideas preconcebidas, que empañan nuestra credibilidad y cuestionan, sin motivo alguno, nuestra actividad. Desarrollar externamente cualquier proyecto de software, asistiendo constantemente al cliente “en su casa”, monitorizando todas las fases del proceso, utilizando las más avanzadas tecnologías del mercado, contando con el mayor talento profesional y reutilizando componentes y “know-how” es la misión básica de cualquier factoría de software. Todas las empresas del sector que ejercitan esta labor en nuestro país coincidirán, al menos aproximadamente, con esta descripción.
Sin embargo, quizá una incorrecta gestión de la deslocalización a países terceros por parte de algunos actores del mercado -a menudo, no especializados en el modelo factoría- y una confusión de conceptos respecto a lo que son y no son buenas prácticas en la externalización del desarrollo de software han creado estereotipos, que es conveniente romper de una vez por todas, para el bien de quienes participamos en el sector, bien como proveedores, bien como clientes. En nuestro entorno geográfico, las factorías de software no recurren por sistema a mano de obra poco cualificada. Todas ellas cuentan en su plantilla con titulados perfectamente preparados, que aplican su talento en nuevas tecnologías, procesos o metodologías de desarrollo. Hablar de mano de obra poco preparada no es faltar ya tanto a las propias factorías, como a los profesionales extremadamente capacitados que en ellas trabajan. Éstos no desarrollan su labor en centros de desarrollo masificados, obsoletos y geográficamente lejanos, como se puede tender erróneamente a pensar. El modelo “onsite - nearshore”, que combina un equipo de analistas “en casa” del cliente con el equipo de desarrollo en instalaciones próximas al cliente, así como la afinidad cultural, idiomática y profesional es el que prepondera en España. Según un estudio encargado por Vector a la empresa de análisis de mercado especializada en tecnologías IDC, los factores que más valoran las empresas españolas a la hora de contratar los servicios de una factoría de software son, precisamente, la cultura afín, la estabilidad de la zona geográfica donde operan y la coincidencia de idioma.
Los profesionales con los que contamos las factorías de software no son ilimitados ni tampoco su disponibilidad siempre inmediata. Trabajamos de forma metódica, con calidad y, sobre todo, con planificación. Una factoría no es para la industria del software lo que un establecimiento de “fast-food” para el sector de la restauración. Del mismo modo, nuestra forma de trabajar es permanentemente abierta, dialogante y colaborativa; no oscurantista y dudosa. El contacto y la cooperación con el cliente son constantes; trabajamos mano a mano con él, utilizando metodologías estándares y dialogando con interlocutores claramente establecidos, sistematizando estos procesos de diálogo, colaboración y evaluación. Otro de los errores ocasionalmente asociados a las factorías de software es que sus metodologías adolecen de cierta rigidez. Nada más alejado de la realidad del mercado. Si no fuesen flexibles, simplemente no harían negocio. Una de las ventajas del modelo que nos ocupa es, precisamente, la adaptación en permanencia al tamaño y perfil del cliente, tanto en lo que se refiere a tecnologías, como al volumen del proyecto, la carga del trabajo o los cambios en los requerimientos.
El hecho de que las factorías de software ofrezcan como ventaja competitiva la reutilización de expertise y de componentes no significa, por último, en modo alguno que la confidencialidad de los proyectos esté cuestionada o que las tecnologías utilizadas sean de baja calidad. No existe en este sector garantía de supervivencia si las empresas que lo conforman no se mantienen constantemente en la vanguardia tecnológica, ofrecen las últimas novedades a sus clientes y velan porque sus desarrollos sean exclusivamente suyos. Sistematización de procesos y reutilización de componentes significa competitividad, no vulnerabilidad. ¿No ofrece la alta costura diseños exquisitos a medida, utilizando los mismos tejidos para varios clientes? La personalización no está reñida con la industrialización; se sirve de ella. Cada vez son más las factorías que crecen y crean empleo en nuestro país, concentrando a menudo su actividad en zonas geográficas donde, hasta ahora, existía un claro déficit en el desarrollo de nuevas tecnologías. Es hora de que sepamos con exactitud cuál es su función y qué ventajas ofrecen, antes de rendirnos a tópicos basados en la presunción de conocer. |