Marzo 2009
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¿Centralizar o descentralizar la gestión TI?
// Jesús Nogales
Uno de los grandes retos de la Administración pública es su modernización desde el punto de vista tecnológico. A medida que la inserción de las nuevas tecnologías en la sociedad y, sobre todo, en el ámbito empresarial, ha demostrado la capacidad de este tipo de soluciones para dinamizar y optimizar la productividad económica, se ha hecho más patente la necesidad de trasladar esos beneficios al ámbito público, donde esos resultados son cada vez más necesarios por motivos obvios. La imagen tradicional que se ha transmitido a los ciudadanos desde este ámbito es que la Administración, en los distintos niveles en los que actúa (nacional, regional o local), es demasiado lenta en incorporar sistemas destinados a agilizar su estructura y servir mejor a las necesidades de los ciudadanos. Poco a poco, sin embargo, se ha ido dando la vuelta a esa situación, hasta el punto de que algunos organismos y entidades públicas están siendo pioneras en la adopción de servicios TI, poniéndose por delante del sector privado. El camino, sin embargo, no está siendo fácil. A veces, la falta de interés de determinados estamentos supone un lastre en lo que se refiere a la adopción de compromisos y la inversión de recursos. En otras ocasiones, no existen líneas claras sobre la forma en que llevar a cabo la gestión de los recursos tecnológicos, lo que conlleva una ralentización de la toma de decisiones en materia TI.
Si bien lo concerniente a inversiones depende de la liquidez de cada órgano competente de la Administración, quizás sea el modelo de gestión el primer aspecto que debe dilucidarse al poner en marcha una estrategia para la adopción e implantación de nuevas tecnologías en el ámbito público. Llegados a este extremo, existen dos alternativas claras, pero netamente diferenciadas: centralización frente a descentralización. La experiencia nos indica que no existe un modelo mejor que otro, sino necesidades diferentes que requerirán el estudio de cada caso para optar siempre por la mejor alternativa posible. En el caso de los modelos centralizados, nos encontramos con la constitución de organismos específicos que se encargan de definir una estrategia global del desarrollo TI. Su ventaja, a largo plazo, parece evidente, puesto que se actúa conforme a una serie de etapas que marcan el ritmo al que debe avanzarse, fijándose los objetivos y los plazos necesarios para pasar al siguiente escalón. Este modelo, asimismo, implica la constitución de equipos específicamente reunidos para esta tarea, con una preparación tecnológica elevada, que se encargan de transmitir a las diferentes áreas y departamentos de la organización las líneas maestras del desarrollo tecnológico, propiciando una mayor coordinación, simplificando el proceso de selección de proveedores y evitando, en buena medida, problemas de comunicación interdepartamental. Ahora bien, debe tenerse en cuenta que la centralización de los recursos puede derivar en problemas de rigidez, porque no siempre los proveedores elegidos se adaptan por igual a las necesidades de cada departamento específico. De hecho, un modelo centralizado puede suponer, en ocasiones, un exceso de burocratización al establecer un modelo de toma de decisiones piramidal, en el que no siempre se tengan en cuenta las recomendaciones que hagan los expertos en la materia que ya existan en cada área de trabajo. El modelo descentralizado, por su parte, es una alternativa especialmente válida para dar respuesta rápida a situaciones o problemáticas concretas que requieren de la implantación inmediata de un sistema o una plataforma vertical diseñada para lograr resultados a corto plazo. En este caso, si bien la toma de decisiones en cuanto a la tecnología que debe adoptarse no recae siempre en personal con una formación específica TI, sí que se beneficia de que al frente de este tipo de proyectos se sitúan profesionales que conocen muy bien el funcionamiento de su área y, por lo tanto, saben qué soluciones son capaces de responder a los requisitos fijados. Aunque las iniciativas descentralizadas implican, en muchos casos, problemas de interconexión departamental, sobre todo por compatibilidad de tecnologías, suelen ejercer un positivo "efecto contaminación" en aquellas instancias donde no se han emprendido iniciativas similares, pero que pueden animarse a hacerlo al conocer su efecto beneficioso.
Centralización o descentralización son, a la postre, modelos que conviene estudiar según las circunstancias concretas en que nos encontremos. Aunque la decisión no siempre es fácil y puede condicionar el desarrollo tecnológico posterior de la Administración de forma clave, lo importante es que el hecho de plantear esta cuestión significa que ya nadie se plantea no abordar procesos de modernización TI. El ámbito público, aunque sea a diferentes velocidades, ya se ha subido al tren del progreso, y de esta máquina muy pocos quieren -ni deben- bajarse. |